Versículos sobre la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo
La palabra Trinidad no aparece en la Biblia. La usaron los cristianos de los primeros siglos para resumir algo que sí encontraban en la Escritura: que hay un solo Dios, y que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Dios, distintos entre sí y en perfecta unidad. Es uno de los misterios centrales de la fe cristiana, y no se puede explicar del todo con comparaciones humanas.
Lo que sí podemos hacer es mirar los pasajes en los que la Biblia habla de esto. Los hemos ordenado en cuatro grupos: la unidad de Dios, la divinidad del Hijo, la del Espíritu y los textos en los que aparecen los tres juntos.
Un solo Dios
El punto de partida es la fe de Israel en un único Dios. Los cristianos nunca han creído en tres dioses.
«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es:»
Es el comienzo del Shemá, la oración que los judíos rezan cada mañana y cada noche. Jesús la citó como el primer mandamiento (Marcos 12:29).
«Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra.»
«Hagamos al hombre a nuestra imagen». Muchos Padres de la Iglesia vieron en este plural una primera insinuación de la Trinidad; los estudiosos judíos lo explican como un plural de majestad o como Dios hablando con su corte celestial.
El Hijo es Dios
«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.»
El prólogo del Evangelio de Juan: el Verbo (la Palabra) estaba con Dios y era Dios. Estar «con» Dios indica que es distinto del Padre; «era Dios», que comparte su naturaleza.
«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.»
Ese mismo Verbo se hizo hombre en Jesús. Es el texto central de la Navidad.
«Yo y el Padre una cosa somos.»
Jesús dice «una cosa somos», no «uno soy»: unidad sin confusión. Sus oyentes lo entendieron como una afirmación de divinidad y quisieron apedrearle.
«Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?»
Felipe pide ver al Padre, y Jesús responde que quien le ha visto a él ha visto al Padre.
El Espíritu Santo es Dios
«Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros.»
Jesús promete «otro Consolador», alguien como él que estará siempre con los discípulos. El Espíritu no es una fuerza, sino alguien que acompaña.
«Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí.»
En un solo versículo aparecen los tres: el Hijo envía al Espíritu, que procede del Padre y da testimonio del Hijo.
«Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.»
Pedro dice a Ananías que ha mentido «al Espíritu Santo» y, a continuación, que ha mentido «a Dios». Para Pedro es lo mismo.
Los tres juntos
«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.»
En el bautismo de Jesús aparecen los tres a la vez: el Hijo en el agua, el Espíritu que baja como paloma y la voz del Padre desde el cielo.
«Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:»
Jesús manda bautizar «en el nombre» (en singular) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es la fórmula del bautismo cristiano desde el principio.
«La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la participación del Espíritu Santo sea con vosotros todos. Amén.»
La bendición con la que Pablo termina esta carta, que muchas iglesias usan al comienzo o al final del culto. En la numeración de otras Biblias es el versículo 14.
«Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.»
Dios (el Padre) envía el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones para que podamos llamarle «Abba», papá.
«Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.»
Por Cristo, en el Espíritu, tenemos acceso al Padre. La oración cristiana tiene esa forma trinitaria.
«Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada.»
Pedro saluda a los cristianos mencionando la obra de cada uno: elegidos por el Padre, santificados por el Espíritu, redimidos por la sangre de Jesucristo.
Una oración para terminar
Gloria al Padre, que me creó y me ama; gloria al Hijo, que se hizo hombre y dio su vida por mí; gloria al Espíritu Santo, que vive en mi corazón y me enseña a orar. Un solo Dios, al que adoro aunque no lo comprenda del todo. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Dónde aparece la Trinidad en la Biblia?
La palabra no aparece, pero la doctrina se apoya en textos como Mateo 28:19, el bautismo de Jesús (Mateo 3:16-17), Juan 1:1, Juan 14-16 y 2 Corintios 13:13.
¿Cuándo se formuló la doctrina de la Trinidad?
Los cristianos la vivían desde el principio en el bautismo y la oración. Se formuló con precisión en los concilios de Nicea (año 325) y Constantinopla (381), cuyo credo siguen confesando hoy católicos, ortodoxos y la mayoría de las iglesias protestantes.
¿Hay alguna comparación que explique la Trinidad?
Se han usado muchas (el trébol, el sol con su luz y su calor, el agua en tres estados), pero todas se quedan cortas y algunas llevan a errores antiguos. Es mejor quedarse con lo que dice la Biblia: un solo Dios, en tres personas distintas.
Textos bíblicos: Reina-Valera 1909, de dominio público, con la ortografía de los acentos actualizada. Las explicaciones son de Creyente Digital.